
"... Permanecimos callados durante un momento. El parecía esperar a que yo dijera algo y yo me devanaba los sesos para que se me ocurriera qué decir.
— ¿Puedo decirte cuál es la peor parte? —Preguntó, vacilante, al ver que yo no abría la boca—. ¿Te importa? Voy a ser bueno.
— ¿Va a servir de algo? —susurré.
—Quizá, y no hará daño.
—En tal caso, ¿qué es lo peor?
—Lo peor de todo es saber que habría funcionado.
—Que quizá habría funcionado.
Suspiré.
—No —meneó la cabeza—. Estoy hecho a tu medida, Bella. Lo nuestro habría funcionado sin esfuerzo, hubiera sido tan fácil como respirar. Yo era el sendero natural por el que habría discurrido tu vida... —miró al vacío durante unos instantes y esperó—. Si el mundo fuera como debiera, si no hubiera monstruos ni magia...
Entendía su punto de vista y sabía que tenía razón. Jacob y yo habríamos terminado juntos si el mundo fuera el lugar cuerdo que se suponía que debía ser. Habríamos sido felices. El era mi alma gemela en aquel mundo, y lo hubiera seguido siendo si no se hubiera visto ensombrecido por algo más fuerte, algo demasiado fuerte que jamás habría existido en un mundo racional.
¿Habría algo así también para Jacob? ¿Algo que se impusiera a una alma gemela? Necesitaba creer que así era.
Dos futuros y dos almas gemelas, demasiado para una sola persona, y tan injusto que no iba a ser yo la única que pagara por ello.
El tormento de Jacob parecía un alto precio. Me arrugué al pensar en ese precio. Me pregunté si no habría vacilado de no haber perdido ya a Edward en una ocasión y no haber sabido cómo era la vida sin él. No estaba segura, pero parecía que ese conocimiento formaba ya parte de la esencia de mi ser, no podía imaginar cómo me sentiría sin ello.
—Él es como una droga para ti —Jake habló con voz pausada y amable, sin atisbo de crítica—. Ahora veo que no eres capaz de vivir sin él. Es demasiado tarde, pero yo hubiera sido más saludable para ti, nada de drogas, sino el aire, el sol.
Las comisuras de mis labios se alzaron cuando esbocé una media sonrisa.
—Acostumbraba a pensar en ti de ese modo, ya sabes, como el sol, mi propio sol. Tu luz compensaba sobradamente mis sombras.
El suspiró.
—Soy capaz de manejar las sombras, pero no de luchar contra un eclipse.
Le toqué el rostro. Extendí la mano sobre su mejilla. Suspiró al sentir mi roce y cerró los ojos. Permaneció muy quieto. Durante un minuto pude escuchar el golpeteo lento y rítmico de su corazón.
—Dime, ¿cuál es la peor parte para ti? —susurró.
—Dudo que mencionarlo sea una buena idea.
—Por favor.
—Creo que no haría más que daño.
—Por favor.
¿Cómo podía negarle algo llegados a aquel extremo?
—La peor parte... —vacilé, y dejé que las pa
Eclips - Stephanie Meyer.-
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